sábado, 12 de abril de 2014

CONFERENCIA DEL CACIQUE GUAICAIPURO CUATEMOC ANTE LA REUNIÓN DE LOS JEFES DE ESTADO DE LA COMUNIDAD EUROPEA/CONFERÊNCIA DO CACIQUE GUAICAÍPURO CUATÉMOC NA REUNIÃO DOS CHEFES DE ESTADO DA COMUNIDADE EUROPEIA, de Luis Britto García

   






Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatémoc, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.

Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que se encontraron hace quinientos años.

Aquí pues nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.

El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder escubrir a los que me descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga com intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros, sin pedirles consentimiento. Yo los voy descubriendo.

También yo puedo reclamar pagos, también puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias. Papel sobre papel, recibo sobre recibo, firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda 185 mil Kg de oro y 16 millones Kg de plata provenientes de América. ¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron al Séptimo Mandamiento. ¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre del hermano! ¿Genocidio? ¡Eso sería dar crédito a calumniadores como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro de 'destrucción de las Indias', o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos. ¡No! Esos 185 mil Kg de oro y 16 millones Kg de plata deben ser considerados como el primero de muchos préstamos amigables de América destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir su devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios. Yo, Guaicaipuro Cuatémoc, prefiero creer en la menos ofensiva de las hipótesis.

Tan fabulosas exportaciones de capital no fueron más que el inicio de un plan Marshall-tezuma, para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización. Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o, por lo menos, productivo de los recursos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional?

Deploramos decir que no.

En lo estratégico, lo dilapidaron en las "batallas de Lepanto", en "armadas invencibles", en "terceros reichs" y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la
OTAN, como Panamá pero sin canal.

En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta el Tercer Mundo. Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman, conforme a la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar. Y nos obliga a reclamarles, por su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente, hemos demorado todos estos siglos.

Al decir esto aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a los hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas flotantes de 20%, y hasta 30%, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo de 10% anual, acumulado sólo durante los últimos 300 años.

Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 180 mil Kg de oro y 16 millones Kg de plata, ambas elevadas a la potencia de 300. Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total de la Tierra. ¡Muy pesadas son esas moles de oro y plata! ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?

Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.

Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos.

Pero sí exigimos en forma inmediata la firma de una "carta de intención" que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente; y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica.

Dicen los pesimistas del Viejo Mundo que su civilización está en una bancarrota tal que les impide cumplir con sus compromisos financieros o morales.

En tal caso, nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos la bala con la que mataron al Poeta.

Pero no podrán.

Porque esa bala es el corazón de Europa.




Tradução de Isaias Edson Sidney:




Aqui estou eu, Guaicaípuro Cuatémoc, para encontrar os que celebram o encontro.

Aqui, portanto, eu, descendente dos que povoaram a América há 40 mil anos, venho encontrar os que a encontraram há 500 anos.

Aqui, portanto, estamos todos. Sabemos o que somos, e é o suficiente. Nunca fomos outra coisa.

O irmão europeu da aduana me pediu um papel escrito, um visto, para poder descobrir os que me descobriram. O irmão financista europeu me pede o pagamento de uma dívida contraída por um Judas, a quem nunca autorizei que me vendesse. O irmão rábula europeu me explica que toda dívida se paga com juros, mesmo que para isso sejam vendidos seres humanos e países inteiros, sem pedir-lhes permissão. E eu vos vou descobrindo.

Também eu posso reclamar pagamento, também posso reclamar juros. Consta no Arquivo das Índias. Papel sobre papel, recibo sobre recibo, assinatura sobre assinatura, que somente entre os anos 1503 e 1660 chegaram a São Lucas de Barrameda 185 mil quilos de ouro e 16 milhões de quilos de prata provenientes da América. Um saque? Eu não acredito! Porque seria imaginar que os irmãos cristãos descumpriram o Sétimo Mandamento! Expoliação?Livre-me Tanatzin de acreditar que os europeus, como Caim, matam e negam o sangue do irmão! Genocídio? Isso seria dar crédito aos caluniadores, como Bartolomeu de Las Casas que qualificam o encontro de "destruição da Índias",  ou Arturo Uslar Pietri, que afirma que o desenvolvimento do capitalismo e a atual civilização europeia se devem à inundação de metais preciosos! Não! Não, esses 185 mil quilos de ouro e 16 milhões de quilos de prata devem ser considerados como o primeiro de muitos empréstimos amigáveis da América destinados ao desenvolvimento da Europa. O contrário seria presumir a existência de crimes de guerra, o que daria direito a exigir não apenas a devolução imediata, mas também a indenização por perdas e danos. Eu, Guaicaípuro Cuatémoc, prefiro pensar na hipótese menos abusiva.

Tão fabulosa exportação de capitais não foi mais do que o início de um plano "Marshall-tezuma", para garantir a reconstrução da bárbara Europa, arruinada por suas guerras deploráveis  contra os cultos muçulmanos, criadores da álgebra, da poligamia, do banho diário e outras conquistas superiores da civilização. Por isso, ao celebrarmos o Quinto Centenário desse Empréstimo, poderemos nos perguntar: Os irmãos europeus fizeram uso racional, responsável ou, pelo menos, produtivo dos recursos tão generosamente adiantados pelo Fundo Indoamericano Internacional?

Lamentamos dizer que não.

No aspecto estratégico,  dilapidaram-no nas "batalhas de Lepanto", em "armadas invencíveis", em "terceiros reichs" e outras formas de extermínio mútuo, sem um outro objetivo que não fosse terminarem ocupados pelas tropas gringas da OTAN, como o Panamá, mas sem o canal.

No aspecto financeiro, foram incapazes, depois de uma moratória de 500 anos, tanto de amortizar o capital e os juros, quanto se tornarem independentes das rendas liquidas, das matérias primas e da energia barata que lhes envia o Terceiro Mundo. Esse quadro deplorável corrobora a afirmação de Milton Friedman, segundo a qual uma economia subsidiada jamais pode funcionar. E nos obriga a reclamar-lhes, para o seu próprio bem, o pagamento do capital e dos juros que, tão generosamente, temos demorado todos estes séculos para cobrar.

Ao dizer isso, esclarecemos que não nos rebaixaremos a cobrar de nossos irmãos europeus as mesmas vis e sanguinárias taxas de 20% e até 30% de juros que os irmãos europeus cobram dos povos do Terceiro Mundo. Nós nos limitaremos a exigir a devolução dos metais preciosos emprestados, acrescidos de módicos juros fixos de 10% ao ano, acumulados apenas durante os últimos 300 anos.

Sobre essa base, e aplicando a fórmula européia de juros compostos, informamos aos descobridores que eles nos devem, como primeiro pagamento de sua dívida, 180 mil quilos de ouro e 16 milhões de quilos de prata, elevadas à potência de 300. Isto é, um número para cuja expressão total seriam necessários mais de 300 algarismos, e que supera amplamente o peso total da Terra. São pesadas essas toneladas de ouro e prata! Quanto custariam, se calculadas em sangue?

Acrescentar que a Europa, em meio milênio, não conseguiu gerar riquezas suficientes para pagar esses módicos juros seria como admitir seu absoluto fracasso financeiro e/ou a louca irracionalidade dos pressupostos do capitalismo.

Tais questões metafísicas, desde já, não nos afligem, aos indoamericanos.

Porém, sim, exigimos a assinatura imediata de uma "carta de intenções" que oriente os povos devedores do Velho Continentes;  e que os obrigue a cumprir seu compromisso com uma imediata privatização ou reorganização da Europa, que lhes permita entregá-la inteira a nós, como primeira prestação da dívida histórica.

Dizem os pessimistas do Velho Mundo que sua civilização está em tal grau de bancarrota, que isso os impede de cumprir com seus compromissos financeiros ou morais.

Nesse caso, contentar-nos-íamos com que nos paguem entregando-nos a bala com que mataram o Poeta.

Mas, não poderão fazê-lo.

Porque essa bala é o coração da Europa.




(Ilustração: Museu de Arte Pré-Colombiana, Santiago - Chile; foto de Fábio Pina)


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